OLAS DE CALOR Y FILTRACIÓN DEL IPCC. EL ÚLTIMO AVISO CLIMÁTICO

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Casi 50º en la costa oeste de Canadá.


Récords por todas partes, y a la vez, una filtración a la prensa, un anticipo, de una parte del informe de mayor importancia sobre la crisis climática. No creo demasiado en las casualidades.

En Lytton, Canadá, se registraron 49’6º a finales de Junio, durante una histórica ola de calor que ha provocado un incendio en la zona, que ha acabado borrando a la población del mapa. También otras marcas fueron batidas durante esos días en multitud de ciudades tan dispares como Seattle,  Moscú o Benni Abbes en Túnez. 

El cambio climático ya no lo niega nadie. O al menos nadie que piense en algo más que su propio beneficio salvo la triste excepción de aquella gente que se dejó manipular por éstos.


Según un estudio reciente de la Universidad de Yale, más del 90% de las personas encuestadas por todo el planeta, asumen que el cambio climático es un problema real y muy grave. Desafortunadamente aún sigue habiendo alguna duda respecto a dos temas cruciales.

El primer asunto es que una tercera parte de la sociedad o más no cree que sean las actividades del ser humano las principales responsables del caos climático en la mayor parte de los países. En Indonesia, el caso más grave, este porcentaje sería de más del 80%. Realmente increíble para el conocimiento actual, que no admite ninguna duda al respecto. Los fenómenos naturales no solo no tienen nada que ver, es que nos están ayudando. 

Igual que había incendios antes de que el hombre siquiera existiera, y ahora los hay de los dos tipos –provocados y naturales-, por supuesto que ha habido multitud de cambios climáticos previos provocados por la interacción de los ciclos orbitales o ciclos de Milankovitch con el ciclo del carbono. Pero este en concreto, lo están  provocando sin duda alguna las emisiones antropogénicas, como demuestra el hecho de que siguiendo a esas mismos “ciclos astronómicos” o variaciones orbitales, si no fuese por la barbaridad de gases de efecto invernadero que hemos emitido a la atmósfera, ahora mismo nos tocaría ir hacia un periodo más bien frío, no hacía uno de peligrosos deshielos y 50 grados al sur de Canadá. Es decir, los ciclos naturales están jugando a nuestro favor, de lo contrario estaría todo mucho peor de lo que ya está.

El otro aspecto clave es cómo reaccionar al problema. Algunos defienden simples reformas, como los Sustainable Development Goals, que no renuncian al Capitalismo, ni por tanto al crecimiento (SDG). Mientras tanto, otros abogamos claramente –apoyándonos en la ciencia- por evidenciar que no hay manera de desacoplar el crecimiento del uso de materiales y energía. La desmaterialización de la economía es un pensamiento mágico. Y solo es posible en algunas gráficas manipuladas por la deslocalización de parte de la producción a otros países para maquillar datos de contaminación. Y que en el fondo son simples estupideces, la atmósfera no tiene fronteras y la contaminación acaba repartiéndose y afectando a todos. 

Sin embargo, siendo muy claros, aquí no solo hay dudas, hay intereses que buscan alimentar esas dudas para no perder privilegios.


Las compañías que antes gastaban millones para negar que el cambio climático siquiera existiese, ahora –que ya no se puede tapar el elefante en la habitación- buscan promover esas dudas sobre el origen, acentuando que la tierra ha cambiado siempre, que no es para tanto, etc.

En el magnífico libro Mercaderes de la Duda Naomi Oreskes y Erik Conway narran esta historia mediante la analogía de la industria del tabaco, y cómo ésta se dedicó a financiar estudios que le fueran favorables aun yendo contra toda la ciencia conocida. Otro magnífico libro que habla de estas cuestiones es Perdiendo la Tierra, de Nathaniel Rich, originalmente publicado en The New York Times, que relata la historia de la crucial década de los 80’s, en la que ya teníamos todos los datos para comprender el riesgo que suponía seguir ignorando a la ciencia climática. Al menos para la supervivencia de nuestra civilización tal y como la conocemos. Porque, tal y como relata ahora la filtración del informe del Grupo II del IPCC: “La vida en la Tierra puede recuperarse de un cambio climático importante evolucionando hacia nuevas especies y creando nuevos ecosistemas. La humanidad no”.


Y el IPCC, por su funcionamiento interno, suele ser corregido siempre a peor, suele pecar de conservador, pues no en vano tiene que consensuar una serie de posiciones entre los científicos que voluntariamente colaboran en el informe (aumentando su prestigio, no sus ingresos). Es decir, las opiniones más atrevidas suelen dejarse de lado.Por eso, usualmente, se quedan cortos en el diagnóstico mucho más que lo contrario.

Y tenemos un gran problema porque la filtración –y toda la literatura científica más puntera de los tipping points- apunta a que el punto global de no retorno climático puede estar muy cerca de ser sobrepasado (si no lo ha sido ya), porque hay una serie de mecanismos de realimentación positiva que hacen que, si se desestabiliza uno de los subsistemas cruciales de funcionamiento del clima, toda la cadena se vea afectada. Esto es muy fácil de entender con una analogía con el cuerpo humano, si te falla el hígado, los riñones se verán afectados, ello afectará al estómago o al corazón, y el fallo multiorgánico sería el último y fatal escenario.

El camino podría –muy probablemente- ser el que sigue, el calentamiento afecta mucho más a los polos que al resto del planeta por el fenómeno de la amplificación polar –esto es, que el albedo entre otros mecanismos provocan mayor calentamiento allí donde se pierde hielo-, el Ártico se está deshelando tan rápido, que el agua fría está afectando a la circulación termohalina (AMOC), pudiendo llegar a paralizarla. El deshielo a su vez, está provocando que la tierra empiece a emitir más cantidades de metano a la atmósfera, que estaban almacenadas desde hace miles de años en el permafrost, y lo está haciendo a una velocidad, que puede convertir el proceso en imparable. Y hay otros mecanismos más complejos que interactúan con el Amazonas –que puede convertirse en sabana- o los fenómenos de El Niño (ENSO) y La Niña, que van a ver aumentados su frecuencia e intensidad, como las de las olas de calor, huracanes, etc. Es decir, adiós, estabilidad climática. El peor escenario, y nada improbable, es el denominado Hothouse Earth, en el cual las inercias nos llevarían a un nuevo estado desequilibrado varios grados por encima de las temperaturas preindustriales, y en el que ninguna certeza sobre la vida permanece incuestionable.

Ante esta situación la única alternativa pasa por alfabetizar en ecología radicalmente a la población, para que entienda los cambios necesarios e inevitables que van a suceder.

Lo único que podemos elegir es si esperamos a que se den, mediante shocks y crisis, o al menos tratemos de planificar una respuesta que nos ayude a transitar un período histórico que en cualquier caso no será fácil.

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Juan Bordera

Journalist and Content creator.

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