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Practicar un estilo de vida más consciente supone desacelerar el ritmo de vida, tomar decisiones más conscientes y observar aquello que consumimos y cómo vivimos. Todas estas prácticas resultan mucho más sencillas cuando nos encontramos en un entorno controlado: nuestra casa, nuestras rutinas, nuestros mercados o nuestros bares habituales, aquellos que nos encantan y nos invitan a repetir por su filosofía.

Cuando esta práctica nos la llevamos también a nuestra forma de viajar aparece lo que llamamos el “slow travel” o lo que es lo mismo, viajar despacio. El slow travel es una manera de vivir el viaje más profundamente y tiene su origen en el Slow Food que apareció en Italia en los años 80 como una manera de disfrutar de pequeñas escapadas gastronómicas en un momento en el que la comida rápida se estaba apoderando de las personas.

Esta práctica, llevada al turismo, consiste en recorrer el mundo buscando aquellas experiencias que nos permitan conocer mejor la cultura del lugar que conocer más lugares. Se trata de conectar con las personas, compartir sus costumbres, disfrutar de su gastronomía y comprender cómo funciona su sociedad a través de tomarse el tiempo para observar y disfrutar del día a día. 

En este artículo te traemos algunos puntos clave para poder experimentar esta forma de turismo en los próximos meses.

Escoge una región en lugar de un país:

Viajar despacio comienza por elegir un área o una región concreta que se quiere conocer, en vez de elegir un país que recorrer en 10 días.

Sé flexible:

Trata de organizar lo mínimo posible y déjate guiar urgente local, ya que no hay mejor manera de conocer un lugar que a través de sus habitantes. Actúa con ellos y si puedes colabora en el desarrollo de alguna actividad no gubernamental que te permita convivir con gente del lugar y conocer su cultura de primera mano.

Camina:

No hay mejor manera de conocer un destino que caminando entre sus calles. Si puedes, regálate unas horas de no seguir ningún mapa y déjate seducir tranquilamente por el olor de los restaurantes puestos de comida callejeros de cada barrio que descubras. 

Elige un alojamiento alternativo:

Busca alternativas a los hoteles como por ejemplo intercambios de casa, refugios en parques nacionales, furgonetas o caravanas que te permitan explorar áreas rurales llevándote a tu hogar a cuestas.

Consume productos locales:

Allá donde vayas, continúa esas prácticas que ya tienes en casa y busca pequeñas tiendas, compras a granel, restaurantes y bares típicos ajenos a cadenas comerciales, de manera que promueven el comercio de cercanía.  Si además planificas un poco tus necesidades y puedes reducir los residuos que generas, mejor todavía.

Aprende a desconectar:

Permitirse no hacer nada es un lujo que hoy muy pocos de dan: aunque inicialmente resulta sencillo, cada vez se le dedica menos tiempo y obstáculos como el exceso de trabajo, la vida acelerada y la sobrecarga de información se suma el hecho de que el tiempo libre parece tener una connotación negativa en la sociedad moderna, ya que estar ocupados es visto como sinónimo de productividad. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: la mente necesita períodos de divagación intercalados con aquellos de atención focalizada para poder descansar y desarrollar un tipo de pensamiento diferente que nutra nuestro mundo interior.

08 junio 2021 — Equipo Fastlove